La transición hacia el vehículo eléctrico no es solo un
cambio tecnológico; es un vuelco total al modelo de negocio de la automoción
tal como lo conocemos. Así lo ha manifestado Javier Guerra, presidente
de ADEADA (Asociación de Empresarios de Automoción de Álava), durante su
intervención en las recientes jornadas organizadas por AUVE (Asociación
de Usuarios de Vehículos Eléctricos).
En un foro conducido por el representante provincial de la
asociación, José María Sánchez, que tuvo como principal protagonista al
conocido influencer y experto en movilidad eléctrica Lars Hoffmann y que
contó también con la notable presencia del diputado provincial de Movilidad
Sostenible, Jon Nogales, Guerra aportó la visión realista y pragmática
de quienes día a día levantan la persiana de los talleres en nuestro
territorio.
El fin de la posventa tradicional: el 70% del trabajo en
juego
Javier Guerra fue tajante al analizar el impacto directo
que el coche eléctrico tendrá en los talleres mecánicos. Según el presidente de
ADEADA, la desaparición de los motores de combustión interna y los distintos
componentes del sistema de transmisión, así como de los sistemas de control de
emisiones asociados, supone una amenaza directa para el taller convencional: "entre
averías de motor, cajas de cambios, control de emisiones y las operaciones
cotidianas de mantenimiento, estamos
hablando de que desaparece cerca de un 70% del trabajo de un taller actual",
advirtió Guerra.
Ante este escenario, algunos concesionarios están viendo
cómo su fuente principal de ingresos se podría empezar a agotar, obligándoles a
depender de "atípicos" como la venta de seguros o financiación,
mientras el núcleo de la mecánica se transforma radicalmente.
Uno de los puntos clave de la jornada fue el referido a la
preparación de los profesionales para el futuro que viene. Guerra reconoció
que, aunque el coche eléctrico aún tiene una cuota de mercado moderada en
España —rondando el 10% de ventas—, el taller no puede quedarse atrás. Sin
embargo, el coste de esta adaptación puede llegar a ser muy alto.
Su propio taller ya cuenta con profesionales con certificación C2 para vehículos eléctricos, pero subraya que no es un camino fácil para los talleres. Uno de los puntos más críticos señalados por Guerra es el desequilibrio financiero que supone hoy en día adaptarse al coche eléctrico. Mientras que las ventas de vehículos eléctricos puros y de híbridos enchufables apenas suman un 20% del mercado en España, la inversión que se le exige al taller es inmediata y muy elevada: "Preparar un taller para el vehículo eléctrico no es barato: cargadores, software, formación y herramienta específica preparada para tensiones de hasta mil voltios", explicó Guerra. "Es una inversión a la que no le vas a ver rendimiento a corto plazo, pero hay que hacerla".
A pesar de esta baja rentabilidad inicial, el presidente de
ADEADA insistió en que la formación y el equipamiento son innegociables: "Pase
lo que pase, hay que estar preparados. No sabemos si el salto del 10% al 50% de
cuota de mercado ocurrirá en dos, tres o cuatro años, pero cuando ocurra, el
taller debe ser capaz de dar respuesta".
El impacto en el empleo y la alternativa de los e-fuels
Más allá del taller, Guerra mostró su preocupación por el
tejido industrial de Álava y Europa. Recordó que, de los 500.000
trabajadores vinculados a la fabricación de componentes de automoción en
Europa, que dedican su trabajo principalmente a elementos que se equipan en
vehículos de combustión interna, las previsiones indican que apenas quedará una
quinta parte en el modelo puramente eléctrico. En este sentido, el presidente
de ADEADA hizo un llamamiento a la clase política para no cerrar puertas a
tecnologías complementarias. Guerra defendió los combustibles sintéticos como
una vía para mantener millones de empleos: "es un combustible que no
deja huella de carbono y que permitiría que medio millón de personas que
fabrican componentes puedan seguir trabajando".
Asimismo, valoró positivamente que plantas como Mercedes-Benz
Vitoria se aseguren el modelo eléctrico, pero insistió en que el sector
auxiliar y los talleres independientes necesitan un marco de transición justo.
La formación no es el único obstáculo; encontrar y retener
personal es, según Guerra, una de las mayores dificultades actuales. El sector
sufre una competencia feroz, no solo entre talleres, sino con las grandes
industrias del territorio. Guerra denunció que cualquier profesional con un
mínimo conocimiento de automoción o electrificación es rápidamente absorbido
por las grandes plantas: "Estamos como locos buscando personal. En
Álava tenemos la desgracia para el taller pequeño, de que Mercedes o Michelin
se llevan a cualquier persona que tenga formación básica. El coste de personal
para los talleres que intentan competir con estas grandes corporaciones es hoy
un reto económico tremendo".
Frente al discurso habitual, Javier Guerra quiso redefinir
lo que significa la "movilidad sostenible". Para el presidente de
ADEADA, la sostenibilidad no se puede limitar a al número de cargadores que se
instalen en las calles o la facilidad de los ciudadanos para el acceso al coche
eléctrico. Hay que poner en valor la eficiencia del servicio y el mantenimiento
en el entorno local: "Movilidad sostenible también es que todos estos
coches nuevos no se tengan que ir fuera de Álava a reparar porque aquí no se den
las condiciones necesarias o porque los grandes grupos de distribución de
automóviles eléctricos instalen en unas pocas provincias sus talleres de
reparación. Que un vehículo tenga que viajar a otra provincia para una
reparación simple porque el taller local no tiene los medios o no es capaz de
obtener recambios e información que le permita realizar su labor con total
profesionalidad, es lo contrario a la sostenibilidad".